Saturday, October 3, 2009

I un altre premit!


No ho diré que no me'l mereixo i que ves, que jo que sóc tan poca cosa... que tants premis... Ni parlar-ne! Sí, en aquest bloc procuro dir el que penso, sense embuts, sobre el terrorisme islamista. I, si per fer-ho com crec que ho he de fer, algú s'hi fixa i em dóna premi. Benvingut sia i moltes gràcies!

I ara el passo al bloc del Moré, que ja veig que no n'accepta de premis, però que només per haver popularitzat l'expressió "gentota" per a tots els que donen suport al terrorisme del Hamàs a Gaza, s'ho mereix.
I al David del blog ACLARIMENT-HASBARÀ per veure si això l'esperona una mica a seguir explicant.

Ah, el premi me l'ha donat la Irene Adler; i aquí, al blog ACCION POR ISRAEL, se n'explica ben bé l'origen.
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I ara ve a tomb la qüestió de la "falsa humilitat" que a mi m'ha tingut tota la vida preocupada, educada com estic en el catolicisme de soca i de rel. I sempre me n'he volgut desempellegar d'això. I avui he trobat el desllorigador de la cosa aquí:


I en la reflexió sobre l'orgull que fa Bertrand Russell a “La conquista de la felicidad”:

“Por mi parte, creo que no tiene nada de malo educar a un niño de manera que se crea un tipo estupendo. No creo que ningún pavo real envidie la cola de otro pavo real, porque todo pavo real está convencido de que su cola es la mejor del mundo. La consecuencia es que los pavos reales son aves apacibles. Imagínense lo desdichada que sería la vida de un pavo real si se le hubiera enseñado que está mal tener buena opinión de sí mismo. Cada vez que viera a otro pavo real desplegar su cola, se diría: «No debo ni pensar que mi cola es mejor que esa, porque eso sería de presumidos, pero ¡cómo me gustaría que lo fuera! ¡Ese odioso pavo está convencido de que es magnífico! ¿Le arranco unas cuantas plumas? Así ya no tendría que preocuparme de que me compararan con él». Hasta puede que le tendiera una trampa para demostrar que era un mal pavo real, de conducta indigna de un pavo real, y denunciarlo a las autoridades. Poco a poco, establecería el principio de que los pavos reales con colas especialmente bellas son casi siempre malos, y que los buenos gobernantes del reino de los pavos reales deberían favorecer a las aves humildes, con solo unas cuantas plumas fláccidas en la cola. Una vez establecido este principio, haría condenar a muerte a los pavos más bellos, y al final las colas espléndidas serían solo un borroso recuerdo del pasado. Así es la victoria de la envidia disfrazada de moralidad. Pero cuando todo pavo real se cree más espléndido que los demás, toda esa represión es innecesaria. Cada pavo real espera ganar el primer premio en el concurso, y cada uno, viendo la pava que le ha tocado en suerte, está convencido de haberlo ganado.”

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