Tuesday, July 21, 2009

Human Rights Watch



13 DE JULIO DE 2009, 22:19 ET

http://online.wsj.com/article/SB124528343805525561.html

«Human Rights Watch» visita Arabia Saudí

En busca de fondos saudíes para contrarrestar a los «grupos de presión pro-israelíes»

POR DAVID BERNSTEIN

Una delegación de «Human Rights Watch» (HRW) acaba de estar en Arabia Saudí. ¿Para abordar el tema del maltrato hacia la mujer bajo la legislación saudí? ¿Para hacer campaña a favor de los derechos de los homosexuales, que son castigados en este país con la pena de muerte? ¿Para protestar contra la falta de libertad religiosa en el reino saudí? ¿Para elaborar un informe acerca de sus prisioneros políticos?

No, no, no y no. La delegación viajó al país para recaudar fondos entre los saudíes adinerados, poniendo énfasis en la demonización de Israel que lleva a cabo HRW. Sarah Leah Whitson, portavoz de HRW, hizo hincapié así en la lucha de su organización contra los «grupos de presión pro-israelíes de Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas». (¿Le pedirían a Whitson que se pusiera el burka, o se hacen excepciones con los activistas «pro-derechos humanos» anti-israelíes que están de visita? Ni hablar de conducir un coche, por supuesto).

Al parecer, Whitson no tuvo tiempo de criticar el pésimo estado de los derechos humanos en Arabia Saudí. Pero que nadie se alarme, pues «hace poco, HRW instó al reino a hacer más para proteger los derechos de los trabajadores domésticos».

Nada malo hay en que una organización que trabaja en pos de los derechos humanos se preocupe por el maltrato a los trabajadores domésticos. Pero hay algo que falla cuando una organización que trabaja en pos de los derechos humanos va a uno de los peores países del mundo en cuestión de derechos humanos con el objetivo de recaudar dinero para acosar judicialmente a Israel, sin decir ni una sola palabra, durante todo el viaje, sobre la situación de los derechos humanos en el propio país. De hecho, podría decirse que prácticamente todo el público al que se dirigió Whitson emplea servicio doméstico, una oportunidad desaprovechada de publicitar el trabajo de su organización para la mejora de las condiciones de la servidumbre. Sin embargo, Whitson no estaba recaudando dinero en apoyo a los derechos humanos, sino para la campaña propagandística de «Human Rights Watch» contra Israel.

Alguien que dice haber trabajado para HRW me ha escrito lo siguiente: «Puedo decirle que las personas que se encargan de la parte de investigación y formulación de políticas de la organización tienen poco contacto, si es que tienen alguno, con los donantes». Si fuera cierto, esto parecería ser una nueva excepción de HRW para con Israel: Whitson, que hizo su presentación ante potenciales donantes saudíes, dirige la División de HRW para Oriente Medio y el Norte de África.

Asimismo, según comenta Nathan Wagner en “OpinionJuris”: «No cabe duda de que existe una diferencia moral entre recaudar fondos en países libres haciendo llamamientos al ideal de los derechos humanos universales, y el recaudar dinero en países represivos con el argumento de la presión que resultará contra sus enemigos. [Es más], la primera clase de recaudación no pone en peligro el cometido de la organización, pero recaudar fondos como Bernstein resalta, sí lo hace, ya que depender de forma significativa de tales fondos acallará, necesariamente, cualquier crítica dirigida al citado gobierno represivo.»

Finalmente, los habrá que defiendan a HRW, aludiendo a que en el pasado la organización ya criticó con bastante firmeza el historial de Arabia Saudí. Con este artículo no pretendo decir, sin embargo, que HRW sea pro-saudí, sino que es obsesivamente anti-israelí. La última prueba de ello es que sus directivos no hayan visto nada indecoroso en recaudar fondos entre la élite de uno de los regímenes más totalitarios del planeta, poniendo de manifiesto la necesidad de contar con su dinero para luchar contra «fuerzas pro-israelíes», sin la sentida obligación de abordar las múltiples violaciones de los derechos humanos de los saudíes, y sin preocuparles, aparentemente, el hecho de que depender de los fondos que emanan de una brutal dictadura los hará vulnerables ante la misma, cuando ésta decida cortarles el grifo más adelante por no «comportarse».

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