Wednesday, January 14, 2009

EL CONSELLER DE LA PISTOLA DE XOCOLATA

Ja n'hi ha prou de prendre'ns per rucs!

Molts dels textos que he llegit a la classe durant molts anys se m'han quedat gravats a la memòria. Davant de la vergonyosa explicació dels fets que ha donat el Conseller d'Interior sobre la PISTOLA de la manifestació DE SUPORT AL terrorisme a Barcelona, m'ha vingut al cap aquest text.  El Conseller ha fet el paper de la trista figura; no cal donar-hi massa tombs. Les lectures de capçalera del conseller deuen ser d'aquest estil:

Un trozo de pan (con chocolate)

Me abordó a poca distancia de mi casa. Estábamos a finales de la primavera y hacía por lo menos dos semanas que le habíamos dado el pasaporte al tiempo fresco. Pero él llevaba todavía una americana de pana, un poco raída por los codos, con las solapas levantadas, cubriéndose la nuca, y una gorra de franela hundida hasta los ojos. No se había afeitado desde hacía días, tal vez para dar más miedo. Pero no daba mucho. Más bien daba lástima.
Yo le seguí la corriente por pura solidaridad, a pesar de que, desde el primer momento, me di cuenta de que la pistola con la que me apuntaba, a un palmo de la nariz, era de chocolate; de chocolate con leche, que es el que más me gusta. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para poner una cara de circunstancias, medianamente convincente, y no clavar un buen mordisco a aquel tentador cañón que temblaba bajo mis ojos.
Me apoyé en la pared contemplando al atracador, que torcía la cabeza hacia un lado y hacía chasquear la lengua, mientras buscaba las palabras para decirme que aquello era un atraco. Al ver su embarazo, opté por hacerle un gesto de inteligencia, dándole a entender que me hacía cargo de la situación y empecé a rebuscarme los bolsillos. Al fin saqué medio paquete de negro, un encendedor tirando a viejo, un pañuelo, un bono de autobús medio gastado, doscientas treinta y cuatro pesetas y el carné de identidad.
- El carné me lo quedo. A usted no le servirá de nada y a mí me hace mucha falta.
El atracador dijo que sí con la cabeza mientras tragaba saliva ruidosamente.
Le entregué todo lo demás y le pregunté si necesitaba alguna otra cosa. Él hizo un movimiento brusco con la pistola, como dando el asunto por terminado e indicándome que podía irme. Fue entonces cuando el cañón, ablandado por el calor de su mano, perdió su consistencia y se tornó fláccido, marchito. Yo hice como que no me daba cuenta, cosa que me costó bastante trabajo, si tenemos en cuenta que aquél era el chocolate que más me gustaba. Haciendo un esfuerzo le pregunté:
-¿Está usted en el paro, tal vez?
En mala hora se lo pregunté. El hombre tuvo un sobresalto, dio un traspiés, que por poco le hace perder el equilibrio, y dejó caer el arma encima de mis pantalones, dejándolos hechos una pena. Y lo peor fue que no se pudo aprovechar la pistola, porque al caer, como estaba tan blanda, se mezcló con la tierra que había en el suelo.
El atracador se echó a llorar como una magdalena. ¡No había forma humana de consolarlo!
-¿Está usted parado o lo hace por vicio? - le preguntaba yo por decir algo, angustiado al verlo llorar so con tanto desconsuelo.
No quiso contestarme. Su respuesta fue devolverme todo lo que me había quitado, dándome además una insignia del Barça a modo de indemnización. Al fin abrió la boca para decirme que, aparte de la insignia, no tenía nada más que ofrecerme. Yo le contesté que prefería que me aclarara por qué se dedicaba a un trabajo tan ingrato y con unas herramientas tan poco serias. Se negó en redondo a responder. Moqueó, levantó la cabeza, se levantó las solapas de la chaqueta, que se le habían bajado, y, con las manos en los bolsillos, se marchó dejándome plantado en medio de la calle, más solo que la una.
Por lo menos habría podido acompañarme hasta la puerta de mi casa. Todo el mundo sabe que andar solo por esas calles, según a qué horas, es un tanto peligroso.
Lancé una última mirada al chocolate que había en el suelo y continué mi camino. Después de todo, aquel atracador debía de ser un pedazo de pan. Con chocolate .

JOLES SENNELL, Un trozo de pan (con chocolate)

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